miércoles, 23 de diciembre de 2009

Parte 2 "Entrañas, dulce Entrañas"


Parte 2

"Entrañas, dulce Entrañas."

-Sa...Saludos.-Dijo Olvar con voz algo caparrosa y temblorosa.

-Hola, hermana, pasa, ¿necesitas algo?- dijo la renegada.

-Si, ¿me podrías ayudas a buscar mi nombre en los registros... eclesiásticos?- Preguntaba Olvar desde la distancia.

-Ah, ya veo, no te encontraban en Camposanto ¿verdad?, bien, veamos-Dice la renegada dirigiéndose presta a una estantería, como segura de que el libro adecuado esté allí.- ¿Nombre?

-Olvar Yavanna.

Olvar observa a la renegada mientras busca, lee y prueba distintos libros y se pregunta si no sería más fácil que alguien dedicase un día a ordenar aquel caos.Tras un rato de búsqueda y un sabroso tentempié de ala de murciélago frita, la renegada encuentra el nombre de Olvar.

-¡Oh! Aquí veo uno... bueno varios... Ol, Ol, Ol -Repetía la renegada buscando el nombre adecuado- Olvar Yavanna ... ¿Setaspicantes? - Olvar asiente a la renegada- Bien sí, aquí dice que pertenecías a la antigua iglesia de Entrañas, ahora conocida como "La Sombra Olvidada". Pasa por donde Renee, la tabernera, que te dé ,de mi parte ,la receta de las alitas, parece que aún no has perdido ese gusto por la comida. Luego deberias dirigirte a la ciudad, el camino es corto y está vigilado, no creo que tengas dificultades para llegar.

Tras despedirse de la renegada y prometiendole que volvería por allí, Olvar pasó por la taberna para buscar a su hermana y la receta de las alitas.
Esperó un rato y volvió a esperar, se hizo la noche con la ausencia de Aikise, sin embargo la renegada no se lo pensó dos veces y partió hacia la cercana ciudad de Entrañas.

El camino fue breve y un guardia le hizo compañía durante el trayecto limitándose a escoltar.

-Hasta más ver, hermana-Se despidió el guardia a las puertas de la ciudad.

Con un gesto afirmativo Olvar terminó la despedida, se volteó y observó la majestuosa y derruida entrada de la ciudad.
Se dirigió hacia el interior y pasando el descuidado patio llegó al antiguo trono del rey. Olvar se detuvo en la sala y la inspeccionó con curiosidad encontrando unas marcas de sangre en el suelo. Se arrodilló para observar mejor levantando sus correas y en ese instante un renegado que pasaba por allí dijo:

-No te arrodilles ante ese trono que tu rey falleció hace mucho.-Y se marchó como vino.

Olvar observó decepcionada el suelo maldiciendo y agradeciendo no recordar nada más que lo vivido hasta ahora; se volvió a incorporar y se dirigió por uno de los pasillos laterales llegando al altar del rey. Con curiosidad se detuvo a leer la placa que rezaba:

*-Aquí yace el rey Terenas Menethil II, último rey verdadero de Lordaeron. Grandes fueron sus hazañas, largo su reinado, inconcebible su muerte. "Que el padre no sea inculpado por los actos de su hijo. Que la corona manchada de sangre permanezca en el olvido."-*

Como por instinto acarició el altar mientras se dirigía hacia uno de los ascensores. Se impresionó de aquellas grandes moles que custodiaban la entrada de los tres ascensores disponibles. Parecían hechos con miembros de cuerpos diferentes y sin sentido. Las moles miraron a la renegada y la dejaron pasar sin preguntar siquiera. Una vez abajo siguió el sinuoso pasillo que acabó desembocando en una sala gigante y redonda de dos pisos.
Caminó un poco por el circulo superior mirando a los habitantes del lugar. Había un criador de murciélagos (que la gente usaban para viajar), muchas tiendas variadas y la pequeña taberna metida en un hueco con ataúdes muy cómodos donde descansar.

El centro de la sala lo reinaba un puesto también circular donde habían espectros y renegados, el banco de Entrañas.Dispuesta a preguntar bajó por una de las rampas y pudo ver que en la zona baja habían otros dos puestos, uno desprendía aromas de lo más sugerentes y apetitosos.
Se acercó y pudo ver que era una pequeña e improvisada cocina-comedor donde varios renegados enseñaban y cocinaban para los habitantes.

-¿Qué es ese olor?- Preguntó Olvar a la cocinera.

-Sabiola ahumada, todo un manjar, ¿quieres? ¡Recién traído de Costasur!, bueno en realidad lleva una semana, pero eso ¿a quien le importa aquí?- le contestó la cocinera.- Coge coge, no seas tímida.

-¿Quien me puede enseñar donde pescar esto?-Olvar cogió uno de los pescados ahumados colocados en un pinchito mientras preguntaba interesada.

-Ve al barrio de la magia, al noroeste de la ciudad, allí encontrarás a dos renegados en un muelle.-respondió amablemente la renegada.

Olvar se dirigió a ver el otro puesto, vendían tabardos y estatutos, no le interesó mucho a si que fue a buscar al pescador.
Se dirigió al norte de la ciudad y para su sorpresa había un pasillo circular por donde se asentaban los subastadores y clientes, caminó hacia el oeste hasta el primer pasillo que pudo ver y lo recorrió. Al final de él se hallaba un poste con indicaciones. "Barrio de la magia->", lo único que le interesaba en ese momento y para su sorpresa había otro circulo que rodeaba la ciudad.
Anduvo hasta llegar a un muelle, pero no había nadie de modo que siguió andando; pasó un puente bordeándolo, contemplando las enormes estanterías que ocupaban unos huecos en la pared interior y encontró a la pareja de renegados pescando en otro muelle.

Hasta ahora no había prestado atención pero el agua que recorría toda la ciudad era de un color verde muy intenso por lo que acabó preguntándose como demonios era posible pescar algo en ese lugar. Se dirigió a los pescadores y amablemente le enseñaron a coger una caña, como poner un buen anzuelo y le ayudaron a pescar su primer pescado con ... muy mala pinta.

Continuará.

martes, 8 de diciembre de 2009

Parte 1 "El despertar"


Era otro día cualquiera en las criptas de Camposanto, de vez en cuando salen nuevos renegados de las fosas comunes en busca de saciar su apetito. Se les cobija, arropa y mandan a limpiar las tierras de las continuas refriegas de la Plaga. Algunos conservan parte de su humanidad y lloran a los caídos. Otros, sin recuerdos, parten como marionetas a cumplir sus objetivos.

Casi como el pan de cada día, dos jóvenes renegadas salen de una tumba familiar y caminan sin sentido alrededor de ella, completamente inofensivas. Un sacerdote de la zona se acercó a ellas cogiéndolas por los brazos y guiándolas a la taberna, una de ellas llevaba en su rostro unas correas de cuero que le impedían ver, por lo que el sacerdote dedujo que debía pertenecer a la iglesia o alguna escuela de magia. Leyó la tumba fugazmente y pudo identificar la familia que yacía en ella. Una vez en la taberna las hizo comer carne fresca a la cual no hicieron ningún asco y les dijo sus nombres hasta ahora olvidados en una lengua, que por raro que les pareciera, no tardaron en entender.

-Sois Aikise - dijo señalando a la que parecía más joven- y Olvar Yavanna -señalando a la otra- Setaspicantes. Erais de una familia trabajadora, si, si, os recuerdo, vivían cerca y eran cultivadores de champiñones. Disfrutad de la comida y luego id a verme a la pequeña capilla que hay enfrente.

Aikise y Olvar estaban bastante descuidadas y carcomidas por los gusanos. Sus melenas llenas de tierra y destrozadas, la de Aikise mantenía un color marrón, posiblemente fuese morena en vida, y Olvar lucía un pelo verdoso e igual de largo que su hermana. A pesar de que Olvar llevara las correas en la cara nadie insistió para quitárselas, por lo que ésta solía levantar un poco las correas para mirar por donde iba.

El tiempo era tranquilo, habían pasado muchas guerras y el lugar estaba en ruinas. Haciendo caso a la invitación de aquel sacerdote, las hermanas se dirigieron a la capilla. Aikise recuperó el ánimo perdido como por arte de magia y ahora parecía más viva que... muerta. Olvar seguía a su extrovertida hermana, siempre escudada tras su presencia daba la sensación de ser tímida y retraída.

-¡Vamos hermanita! ¡con ánimo, con ánimo!- no paraba de decir Aikise.

Una vez en la capilla el mismo sacerdote renegado se les acercó para, amablemente, explicarles su situación actual de no-muertas. Aikise se ensombreció y entristeció durante bastantes días; Olvar, en cambio, parecía seguir igual, pensativa, distante e intentando que su hermana volviese a la normalidad, no entendía aquello que su hermana llamaba "tristeza" o "pena". Solo sentía preocupación por ella.
A pesar de todo, Aikise recuperó su ánimo y pronto las hermanas se dispusieron a ayudar en Camposanto. El sacerdote encomendó a Aikise a un maestro Mortacechador, pensando que gracias a su cuerpo delgado y jóven podría apañarselas bien siendo una de ellos.
Sin embargo para Olvar tenía otra tarea, la mantuvo unos días bajo su tutela mientras rebuscaba en unos papeles el nombre de la joven renegada.

-Sé que pertenecías a la iglesia, pero no logro encontrar tu nombre en los registros de esta humilde capilla. Te voy a mandar con tu hermana al pueblo de Rémol, ella ya ha terminado su instrucción y no tendréis problemas por el camino. Quizás allí pueda alguien encontrar tu nombre en los registros eclesiásticos.-dijo el sacerdote.

De este modo las hermanas cogieron sus escasas pertenencias y partieron hacia Rémol.

Por el camino encontraban a gente que requerían de los servicios de Aikise, por lo que tardaron varios días en llegar al pueblo. A veces Olvar tenía ataques que la hacían sentirse mal, lloraba, se enfurecía sin razón o se reía de su hermana sin motivo ninguno. Durante un corto tiempo Aikise la denominó "Histérica", un buen apodo por entonces.

Una vez en Rémol, Aikise dejó a su hermana en lo que parecía el ayuntamiento y salió corriendo a la taberna a por trabajos que hacer mientras se encontrasen en esas tierras.

-¡Volveré a buscarte en la noche! ¡Espero que te encuentres! Hahahaha-Dijo Aikise mientras corría hacia la taberna.

Olvar sonrió a su hermana y se introdujo en el edificio. Dentro encontró a una renegada bien parecida y acicalada, haciendo un esfuerzo la saludó.

Continuará.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Bienvenidos.


Este Blog lo dedicaré exclusivamente a la historia de este personaje de rol en el mundo de World of Warcraft.

Espero que disfruteis con su historia.